Historia de la cetosis

imagen de cabecera para la historia de la cetosis

En este artículo vas a descubrir la historia de la cetosis y cómo afectó a la evolución humana

La historia de la cetosis se puede remontar tan atrás como quieras. No soy experto en el tema, solo un friki a quien le mola la evolución, pero imagino que podemos quedarnos con que empieza en cuanto el hombre baja de los árboles, perdiendo el rabo y caminando erguido, con acceso a alimentos ricos en grasas y proteínas como la carroña, los sesos, el tuétano…

 

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Si buscas información en cuanto al término “cetosis” seguro que encuentras un nombre: Stephen Moody. Se le atribuye a él el descubrimiento del proceso, pero lo único que he podido encontrar sobre este doctor es gente, en algunas páginas americanas, que dice directamente que es falso y que este doctor, como inventor del término o del proceso ni si quiera existe. La verdad es que lo ignoro, así que si alguien tiene datos ciertos, actualizo la información.

Un poco de historia (aunque la cetosis no es un invento moderno)

A ver, en realidad tanto el término de “cetosis” como las pautas para seguirla sí son modernas, pero el modo de alimentarse en el que se basa esta dieta es ancestral, tiene más años que Matusalén (además de verdad).

El origen de esta dieta está estrechamente ligado a nuestro propio origen. Así que tendremos que ver un poco de historia del hombre para entender bien de qué estamos hablando. La mayoría de problemas de salud que tenemos hoy día tienen una explicación si echamos mano a la evolución y a cómo la hemos desatendido.

Historia de la cetosis

grabado egipcio sobre la agricultura en la historia de la cetosis

Los Egipcios fueron una de las primeras culturas en explotar la agricultura, haciendo un gran socabón en la historia de la cetosis

No voy a entrar aquí en muchos detalles sobre la cetosis. Si quieres información más extensa sigue el enlace al artículo específico. Tienes allí todo lo que sé explicado, espero, de forma comprensible. Aquí te hago, simplemente, un pequeño resumen.

La cetosis es un estado metabólico en el que el cuerpo aprovecha las grasas para obtener cuerpos cetónicos y usarlos como combustible. Es decir, que es un estado en el que tu cuerpo va a usar la grasa de reserva que tienes en tu cuerpo para obtener su energía.

No se puede saber exactamente cuando se “creó” el proceso de cetosis en nuestro organismo. Podemos lanzar hipótesis en base a lo que sabemos y a lo que comían nuestros ancestros. Así que para no entrar en detalles muy técnicos ni meterme en camisas de once varas lo veremos en un relato.

Cuando éramos “monos”

La comunidad científica está casi de acuerdo en que el primero de los homínidos, de nuestra línea evolutiva, fue seguramente el Autralophitecus Afarensis. Arriba tienes la foto de una recreación del mayor esqueleto encontrado de esta especie, Luci. No me digas que no tiene cara de buena tía.

El Autralophitecus echó a andar en la tierra hace entre 2 y 4 millones de años. Era bípedo (o casi) y aún tenía los hábitos de los simios que seguían en los árboles. Se alimentaba básicamente de vegetales, raíces, bichos y poco a poco se aventuraba, cada vez más, a salir a alguna que otra llanura, dejando la protección de las arboledas.

Nuestro colega Autralophitecus tenía un intestino muy largo, mucho más que el nuestro. Su dentadura era también diferente, con más dientes parecidos a las muelas que a los paletos, dada su alimentación. Su aparato digestivo tenía que digerir mucho alimento vegetal que tenía que machacar bien durante la masticación. Necesitaba, como los chimpancés y los gorilas, un sistema digestivo que pudiera descomponer la cantidad de vegetales que comía.

Sus dentadura era más parecida a la de un rumiante que a la nuestra. Algo comprensible si se alimentaba básicamente de vegetales que necesitan mucha masticación para una mejor digestión.

Además, estaba todo el día moviéndose, andando a 2 o 4 patas. Trepando, saltando, curioseando, investigando… Pasaba el día como lo pueden pasar los gorilas que ves en los documentales, pero en vez de esconderse por las espesura congoleña, seguramente se adentraba en algún que otro llano, cada vez con más atrevimiento y curiosidad.

El bipedismo liberó la presión craneal, lo que permitió que su cerebro, poco a poco, fuera ganando tamaño. Gracias al uso de esa mayor capacidad cerebral nuestro amigo Autralophitecus entendió que una piedra es más dura que las manos y las uñas. Creó su primera herramienta.

Ahora podía acceder a una fuente de alimentación a la que antes no podía: cerebros y tuétano (además de romper moluscos y similares).

A partir de ahí nuestros ancestros ampliaron su rango de alimentos, depende de la zona y de la estación del año. Su menú se amplió, con el paso de miles de años, de vegetales, raíces y bichos a todo lo que estaba a su alcance:

  • vegetales
  • insectos
  • frutas
  • carroña
  • pequeños animales que cazaba
  • pescado
  • moluscos

A lo largo de los años, nuestros ancestros, acabaron comiendo más o menos lo mismo que tenemos hoy nosotros (en cuanto a materias primas, claro) aunque las plantas y animales diferían de los de ahora.

En ese camino que empezó cuando los primeros homínidos ampliaron su abanico de alimentos con más grasas y proteínas, empezó (seguramente) también un proceso biológico que acabaría siendo, con el paso de los años, la cetosis y que se vio interrumpido en muchas poblaciones con la aparición de la agricultura.

foto de Australophitecus como parte de la historia de la cetosis

Diferencias entre el hombre prehistórico y nosotros

Aparte de las evidentes (ellos y ellas eran mucho más feos para nosotros, jajaja) hay unas cuantas diferencias que cabe destacar por su importancia y por las cuales, entre muchos otros factores, el humano moderno está muriendo por problemas relacionados con la alimentación, y la gran parte de esos problemas actuales están relacionado con la abundancia de alimentos (malos, claro), algo que no había pasado nunca antes en nuestra historia. Ambos tenemos la opción de entrar en cetosis. Unos lo hacían sin saberlo y nosotros debemos tomar medidas para ello, pero ambos podemos usar este proceso.

Diseñados para la escasez de alimentos

Los humanos hemos evolucionado par sobrevivir con fortuna en la escasez. Nuestro cuerpo es una máquina muy precisa, con un poder de adaptación realmente impresionante, pero es en la escasez de alimento cuando nuestra máquina se desarrolla por completo.

Durante 2 millones de años de evolución nunca se ha vivido en la abundancia más que en las temporadas buenas, las épocas de cría de la primavera. en esos tiempos era más fácil cazar, las manadas se juntaban para aparearse y había caza para todas las tribus.

La fruta empezaba a abundar también, los vegetales frescos dejaban de lado las raíces secas y los integrantes de las tribus engordaban todo lo que podían sin ser conscientes que su cuerpo almacenaba grasa de reserva para los duros inviernos, donde la escasez podía ser severa.

Hay que destacar que no es cierto que hubiera hambrunas en la prehistoria. Se podía pasar hambre y seguramente mucha, depende de la temporada y la zona, pero las hambrunas sobrevienen a los humanos en el momento en que depende de la agricultura para alimentarse.

Hasta entonces las tribus eran nómadas y vivían por y para sobrevivir. Se movían a razón del alimento.

La abundancia moderna

En la actualidad tenemos abundancia de alimentos. El cuerpo está diseñado bajo el principio de máxima eficacia energética y te va a convencer siempre que es mejor ir a la nevera y calentar algo rápido en el microondas que salir a por moras, bellotas, un conejo o un pez al río.

La posibilidad de alimentarnos en cualquier momento con alimentos que no aportan nada más que un montón de calorías vacías nos ha jodido bien jodidos.

En esta situación es fácil de entender porqué un cuerpo que ha evolucionado en la escasez y la supervivencia tiende a abrazar todo lo que sea fácil y aporte energía. Tus genes te animan a buscar aquellos alimentos que más engordan. Tu cuerpo tiene unos circuitos de recompensa muy potentes y la mayoría de nosotros lo tiene atrofiado. Así es normal que busquemos esforzarnos al mínimo y comer al máximo.

Somos animales programados para comer compulsivamente.

Durante cientos de miles de años tu cuerpo ha desarrollado preferencia por alimentos ricos en carbohidratos, cuanto más simples más fácil es que sobre energía para convertirla en grasa.
Estás programado/a para preferir un alimento dulce, sabroso, con un color llamativo y con buen olor. En cuanto ves algún alimento de este tipo tu cuerpo empieza la pre-digestión.

Piensa en una mujer de hace 60.000 años. Se pasa la mañana entera en grupo, andando y recolectando vegetales. 6 horas seguidas sin parar: andando, subiendo cuestas, pasando algún río… Ha ido comiendo alguno de los vegetales que ha recolectado y un par de raíces. Justo cuando van a volver al asentamiento se encuentran un árbol lleno de fruta a reventar.

¿Qué crees que harán?

Esa mujer y el resto guardarán lo que puedan para después pero, una vez empiecen a comer fruta dulce les pasará como si comieran Pringles, no habrá “stop”. Su cuerpo y el tuyo están hechos para disfrutar con estas comidas ricas en azúcares. Es algo que se conoce como el circuito de recompensa.

Este circuito es un mecanismo que te gratifica cuando comes alimentos elevados en azúcares. De esta manera tu cuerpo escogerá siempre los alimentos más dulces y vistosos, lo que garantiza que la ingesta de azúcar sea mayor y que, a su vez, sea más fácil almacenar grasa de reserva.

Por eso precisamente cuando haces pop no hay stop. Tu cerebro te da señales de placer inmediato cuando le metes a tu cuerpo este tipo de azúcares que no aportan nada más que calorías que van a ir, casi siempre, a la grasa de reserva.

Hay un estudio muy famoso de la universidad de Princeton en el que dan a ratas a las que convierte en adictas a la cocaína una bebida muy rica en azúcar puro y casi el 90% de las ratas prefieren esa bebida a la cocaína.

Eso sucede en las ratas. Nosotros somos humanos y tenemos raciocinio pero, pese a eso, el azúcar sigue siendo adictivo. En la antigüedad es comprensible que la evolución nos programara para sentir placer al comer un alimento que se puede almacenar fácilmente en forma de grasa. Era una forma de garantizar la supervivencia pero ahora es un problema que mata gente.

Pero ¿Donde está la cetosis en la historia de estos homínidos?

La dieta tipo cetogénica que siguieron nuestros ancestros la daban los cambios de estación y todo lo que ocurría en ellas, cuando el calor se alejaba y el frío iba entrando día a día, acercándose el invierno (ves, he evitado poner eso de “winter is comming”).

A medida que el clima se endurece los alimentos escasean también. Las grandes manadas seguían al calor y migraban y era muy difícil, o imposible, seguirles el ritmo. Además las frutas escaseaban cuanto más se acercara el invierno y los aportes de carbohidrátos, sobretodo simples, eran cada vez menores.

De ese modo los organismos de nuestros antepasados entraban en cetosis y aprovechaban durante todo el invierno la grasa que almacenaron durante la primavera y el verano. La escasez de alimento ricos en hidratos de carbono, sobretodo en las épocas más duras, moldeó este sistema metabólico que todas y todos tenemos para aprovechar al máximo el consumo de lo que más energía aportaba tanto entonces como ahora: la grasa.

Fíjate en que nuestro cuerpo se ha especializado en producir grasa, de forma muy efectiva, del exceso de hidratos de carbono. Un gramo de grasa contiene unas 9 kcal mientras que un gramo de hidratos de carbono contiene sólo 4.

Es lógico que nuestro cuerpo se haya especializado en guardar el sustrato que más rendimiento por gramo le ofrece. Eso debería darnos pistas sobre qué sustrato es más eficiente para la supervivencia y de cómo es lógico pensar que los mecanismos que tiene nuestro cuerpo para consumir la grasa almacenada (la cetosis) no sólo no son malos, sino que son beneficiosos y necesarios.

Por qué almacenamos grasa. ¿Estamos mal diseñados?

Nada más lejos de la realidad. Precisamente almacenamos el “sobrante” de energía porque nuestros cuerpos son máquinas precisas y eficientes. Como te he dicho antes un gramo de grasa contiene más del doble de caloría que uno de hidratos. Haberse especializado en almacenar carbohidratos hubiera sido ineficiente.

Por el contrario, el cuerpo desarrolló varios mecanismos que demuestran que la grasa es, más allá de un problema, una virtud para la supervivencia: una ventaja evolutiva.

Convertimos fácilmente los carbohidratos en grasa

Como ya has visto antes antes no había carbohidratos simples como ahora. No había cereales Kellogs (que son una mierda de las buenas), no habían chips y similares, no habían postres azucarados, no había azúcar, vaya (tal y como la conocemos hoy). La época en la que había abundancia relativa de algo hidratos era entre primavera y otoño. Y aquellos hidratos no tienen nada que ver con las mierdas que comemos en paquetes plastificados.

Durante esa época el hombre podía comer, se saciaba a menudo y tenía predilección casi adictiva por alimentos ricos en azúcares facilitaba que ese azúcar se pudiera convertir en grasa de reserva.

El cuerpo almacena grasa porque sabe cómo usarla después

Aquí está el meollo del asunto, el porqué la cetosis funciona y es sana. Tras el verano, el buen tiempo y la abundancia la escasez volvía a ser la reina y, con ella, la falta de carbohidratos con azúcares.

En este ambiente más hostil a medida que el invierno avanza el cuerpo tiene varias formas de conseguir energía:

  1. de las proteínas de la caza y el pescado
  2. de la grasa de la caza y el pescado
  3. de los carbohidratos complejos como unos pocos vegetales y raíces
  4. de las grasas de reserva, o sea, la chicha del verano

Es decir, una vez asumidos todos los factores externos y el margen que dejan para alimentarse nuestros antepasados tenían aún un as en la manga: su cuerpo podía oxidar grasas, como los nuestros.

Otra vez vamos a imaginar (es que me encantan los cuentos). Hace 90.000 años, en pleno invierno, una tribu cazaba lo que podía. Vamos a imaginar que es un territorio rico en caza incluso en invierno y podían comer cada día. Así, a lo largo de un par de meses imagina que tenían comida para, al menos, no pasar hambre. Veamos cual era su menú:

  • caza de roedores (conejos, alimañas…)
  • caza de ungulados como alguna cabra, algún arce de vez en cuando
  • algo de pesca
  • raíces y algún tubérculo
  • algunos frutos de arbustos

Esa era la comida con la que podían contar durante los meses más duros. En ese tiempo no comían carbohidratos y su nivel de proteínas y grasas era mucho mayor que el resto del año. Sin embargo era en esa época cuando más despiertos, atentos y saludables debían estar. Piensa que es fácil gandulear cuando hay comida de sobras, pero cuando no la hay o te mueves o te mueres.

Durante todo ese tiempo nuestros tataratataratatara… abuelos seguían lo que podemos llamar una “cetosis por cojones”. No había otra cosa. Y claro, durante esos meses duros está más que claro que todos esos males que dicen, en Equipo de Investigación y en algún programa de Chicote, que conlleva seguir una dieta en cetosis, no los sufrían. Si estar en cetosis fuera tan tremendo como nos suelen contar el ser humano hubiera caído el primer invierno.

Al contrario, gracias a tener este mecanismo de consumo de grasas de reserva éramos capaces de aguantar todo un duro invierno y sobrevivir esperando la abundante primavera.

El cuerpo usa los carbohidratos como energía de alto octanaje

Una persona almacena en sus músculos unas 2.000 kcal en hidratos de carbonos. Esta energía se almacena para su uso en situaciones estresantes como huir, cazar, correr para salvar la vida, trepar un árbol…

Es la energía que el cuerpo almacena para situaciones en las que la supervivencia es lo primero. A grandes rasgos, es el nivel de respiración-circulación el que activa el consumo “a toda hostia” de esta energía.

El cuerpo usa la grasa como energía de largo recorrido

Sin embargo para tareas que no impliquen tanto esfuerzo explosivo el cuerpo prefiere tirar de su sustrato diesel, las grasas, que dan el doble de energía por gramo y producen una flujo constante. Para eso una persona normal tiene entre 100.000 y 150.000 kcal de grasa en su cuerpo.

Caminar, hacer el trabajo diario o estar vivo en sí son varios de los trabajos de los que se encarga la grasa cuando no hay ese aporte de carbohidratos diario, como en el invierno de nuestros ancestros.

La agricultura en la historia de la cetosis

Lejos de la idea super molona que se suele ver en sitios web y miles de vídeos sobre la Paleodieta, la vida paleotítica y la de períodos enateriores, era un mierda de las grandes: super-ñordo total.

Nuestros ancestros vivían bastante, eso es cierto. Se sabe que muchas poblaciones superaban los 50 y 60 años de edad. Es un bulo eso de que toda la gente de entonces se quedara en los 30 años. Sin embargo es cierto que la esperanza de vida era de esos 30-35 años.

La vida era muuuuuy chunga, pero de verdad. Y si bien es cierto que habíamos evolucionado para ser lo más eficaces posible en aquel entorno (además de adaptarnos y adaptarlo) los humanos palmaban por mil motivos. Un corte infectado y en una semana, pajarito. Un animal de te daba un zarpazo, se infectaba, y en una semana, tacatá. Un despiste subiendo a un árbol y cadera rota, hasta la vista baby. Un despiste en algún desfiladero y a rodar hasta chafarte…

La vida de entonces era muy difícil y muy dura y las poblaciones que habían sólo podía adaptarse y sobrevivir o morir. No había mucho más que hacer durante el día que buscar la manera de sobrevivir.

Sin embargo, hace unos 10-12 mil años se inventa la agricultura (no fue por arte de magia, claro). Esto permite a las poblaciones asentarse, que haya abundancia de comida, que crezcan las poblaciones, que nazcan nuevas jeraquías, nuevos tipos de organización social y mucho más.

Cuando algunos, los más pudientes que tenían tierras que otros trabajaban, tienen tiempo libre se pueden dedicar a pensar, a investigar y a crear. La agricultura es el cambio más importante que sufrió el ser humano en su historia. Sin ella no estaríamos aquí.

Pero también trajo cosas malas, claro. Supuso un cambio total al camino evolutivo que llevábamos desde entonces y nos hizo, en cierto sentido, más débiles. Pero en un sentido más amplio nos permitió dominar el mundo.

Cómo afectó la agricultura al proceso de la cetosis

Pues imagínate. La agricultura significó la posibilidad de almacenar carbohidratos para todo el invierno, lo que hizo que la cetosis no fuera tan necesaria.

Aún así, no te pienses que en cuanto el hombre aprendió a cultivar empezamos a ponernos todos y todas gordas. La agricultura puede que hiciera que no fuera necesario entrar en cetosis en las temporadas de escasez de hidratos, pero seguíamos teniendo mejor cuerpo que ahora.

No fue hasta mediados del siglo pasado que el hombre empezó a tener problemas relacionados con la abundancia de malos alimentos. La industrialización de la comida fue la que nos acabó de joder.

Nos alimentamos de productos que no deberían considerarse alimentos, sino combustibles adictivos, fabricados para enganchar al cerebro y que nos hacen engordar, empeoran nuestra saludo y nos matan dulcemente.

Breve resumen sobre la historia cetosis y las dietas cetogénicas

  1. La cetosis es un estado metabólico que evoluciona debido a los factores que influyeron en la alimentación de hombre
  2. Sucedía de forma natural en algunos períodos (debido al clima o a la falta de carbohidratos)
  3. Durante la cetosis la quema (oxidación) de grasas produce combustibles que suplen el glucógeno
  4. La aparición de la agricultura lo cambia todo: no es necesario pasar temporadas sin carbohidratos